De Valdivia a Punta Arenas vía Puerto Montt: Día 1

Son más de 2 mil kilómetros los que separan la capital de Los Ríos de la de Magallanes. Pero no es posible recorrerlos en línea recta o completamente por el territorio chileno, a menos que sea por vía aérea. Como desde Valdivia no salen vuelos con ese destino, la mejor opción es viajar a Puerto Montt y desde ahí aplicar un viaje en avión de 2 horas aproximadamente.

Para lograrlo, salimos a las 8 de la mañana desde Valdivia en bus. El viaje tiene una duración muy relativa, diría Einstein (y eso que él no viajó en buses chilenos) porque pueden ser poco menos de 3 horas, o un poco más de 4. Todo depende de a cuántos pueblos intermedios pase. Nosotros elegimos uno muy temprano que nos permitiera almorzar relajadamente en Puerto Montt y llegar con tiempo suficiente al Aeropuerto El Tepual (PMC).

Imagen de Google Maps

Tras 3 horas y media de viaje, con un par de escalas (Osorno y Puerto Varas), llegamos al Terminal Municipal de Puerto Montt. La primera tarea aquí es comprar el pasaje en los buses que van cada 30 minutos hacia el aeropuerto. ¿Por qué? un taxi podía cobrar entre $14.000 y $20.000 CLP (entre $20 y $30 USD), y el pasaje en el bus que hace el servicio de transfer tenía un costo de $2.500 CLP por persona ($3 a $4 USD)

Mi señor padre no iba en bus a la capital de Los Lagos hace suficientes años como para que se sorprendiera de todo y quisiera detenerse en todos los rincones. Lástima que en ese momento el patio de comidas estaba muy pobre de alternativas, así que tuvimos que salir del terminal en búsqueda de algún lugar para comer.

A pesar de haber vivido en Puerto Montt, había olvidado lo que era la zona del Terminal de Buses. Recorrimos varias cuadras antes de encontrar un local más o menos iluminado y más o menos con la apariencia de estar disponible para servir almuerzos. Tras un sandwich con un té, nos dimos por vencidos con la gastronomía y volvimos al terminal para tomar el bus al aeropuerto.

Pensé que íbamos a chocar.

El bus se veía muy normal, con pasajeros muy normales y un conductor muy normal. Pero el tráfico no lo era. Aparentemente estaba reparando una parte de la ruta que hacen normalmente estos buses, así que el conductor decidió tomar una “ruta alternativa”.

Esta alternativa era desconocida para mí, y al parecer para la mayoría de los pasajeros, quienes se vieron preocupados, alarmados y asustados (en esa progresión), cuando vimos que tomó la ruta 5 a Pargüa (donde se toma el ferry a Chiloé). Y más aún cuando, tras varios kilómetros como protagonistas de un mal remake de Máxima Velocidad, toma una salida por un camino que aparece bajo el nombre de ruta V-720.

Esta ruta, de 11 kilómetros de extensión aproximada, no tiene el ancho suficiente para que pasen 2 buses simultáneamente, pero sí tiene muchas curvas. Razón por la que el conductor se fue tocando la bocina a modo de advertencia ante cada viraje… sin bajar la velocidad. Digamos que no pareció un buen preámbulo para el primer viaje en avión de nadie, pero después de eso una turbulencia promedio sería fácilmente tolerable.

Llegamos a salvo… y con tiempo de sobra para el embarque.

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Luego de hacer los trámites de entrega de equipaje y recorrer el aeropuerto, fuimos a esperar la fila de embarque para el vuelo LA 285 con creciente ansiedad. Como sabrán quienes tienen familiares mayores de 60 años, la puntualidad incluye llegar al menos 15 minutos antes y esperar pacientemente, así que eso me tocó hacer mientras explicaba cómo funciona el sistema de check in del vuelo y le aseguraba a mi señor padre que tendría el asiento en la ventana como había pedido.

El vuelo fue tranquilo y desde los Campos de Hielo Sur comenzó a despejarse poco a poco, así que mi señor padre comenzó a disfrutar cada vez más de las vistas desde su ventana. Que realmente valen la pena observar: glaciares, ríos y fiordos dan la bienvenida a la región más austral de nuestro país.

A las 18:45 llegamos al Aeropuerto Internacional Carlos Ibáñez del Campo de Punta Arenas (PUQ). Ahí nos esperaba una amiga quillonina-cada-vez-más-puntarenense que hizo las veces de transfer y nos llevó al Patagonia B&B. Este hostal, recomendado por visitantes anteriores debido a sus tarifas, buen servicio y cercanía a los puntos de interés del centro de Punta Arenas, fue nuestra base de operaciones.

Luego de chequearnos, dejar nuestras cosas y abrigarnos un poco, salimos a dar el primer paseo clásico a la Plaza de Punta Arenas, con las fotos de rigor al atardecer, y luego en la búsqueda de un restaurant donde encontrar el menú solicitado por mi señor padre: cordero magallánico asado.

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El recorrido desde el hostal nos llevó por las calles principales y la plaza admirando la arquitectura. Los edificios, sus puertas, ventanales y esos pequeños detalles que te llevan a apreciar el talento de quienes los diseñaron y construyeron hace que se mantengan en pie y habitados hasta el día de hoy. Es inevitable reconocer la importante influencia de los inmigrantes europeos en estas construcciones centenarias.

En el restaurant Doña Inés, del Hotel y Casino Dreams Punta Arenas, encontramos y disfrutamos de la primera versión de este clásico de la cocina magallánica. Sin duda un “obligado” de los sibaritas que acompañamos de un carménère y grata conversación planificando el recorrido por la ciudad al día siguiente, donde visitaríamos algunos de los puntos de interés más destacados: el Museo Nao Victoria, el Ovejero, el Cementerio de Punta Arenas y más… que les contaré en el próximo post.

Recomendaciones:

  • Conexión entre buses y vuelos: desde Valdivia a Puerto Montt hay buses desde la madrugada, que permiten tomar los primeros vuelos desde PMC a PUQ, pero ojo con las empresas de transporte que tienen paradas en más de 2 ciudades porque la planificación del itinerario se puede alargar en 1 hora con facilidad
  • Terminal de buses municipal v/s terminal de empresa: la línea de buses Cruz del Sur tiene un terminal propio que queda unos kilómetros antes que el Municipal. Desde ahí se pueden tomar taxis al aeropuerto, en el momento de mi viaje no paraba por ahí la empresa de buses que hace de transfer
  • Comer en Puerto Montt: si el tiempo disponible lo permite, el clásico obligado para comer es la caleta de Angelmó, que se encuentra poca distancia (es posible ir caminando desde el terminal si hay tiempo y ganas, también hay transporte público) y se caracteriza por la comida en base a productos del mar
  • Aeropuerto El Tepual (PMC): si no alcanzan a almorzar en Puerto Montt, el aeropuerto tiene un restaurant, pero con precios de aeropuerto. Además tiene todos los servicios de un aeropuerto internacional de regiones en nuestro país, en caso de olvido de algún insumo o souvenir, hay tiendas para salvar
  • Aterrizaje en Punta Arenas: el Estrecho de Magallanes da la bienvenida a los aviones a una escasa distancia de la pista del aeropuerto. Tan escasa que la señora sentada en el asiento delante del de mi señor padre tuvo vértigo y transmitió su temor de morir con leves chillidos. La moraleja podría ser “prefiera el asiento de pasillo” o “si tiene vértigo, no mire por la ventana”
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