Vacaciones de invierno 2: a bailar a la nieve

Arrancarse de “vacaciones” en invierno a un lugar más frío que donde estás, solo puede ser por una alternativa mejor de actividades. Así fue como un viernes salimos del trabajo y nos lanzamos a la carretera con destino a Chillán.

La ruta 5, que une a Chile del norte hasta Puerto Montt por el sur, permite como velocidad máxima 120 km/h, por lo que en poco más de 4 horas recorrimos los casi 450 km que separan Valdivia de nuestro alojamiento en Chillán: el hotel Chillán Sur.

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Llegamos de noche con el afán de dormir temprano para iniciar el recorrido hacia la cordillera lo antes posible. Pero, nada hacía presagiar…

Primero, el estacionamiento del hotel, no queda en el hotel. Raro, pero pensamos que son cosas que pasan. Ok. Nos chequeamos y nos fuimos a nuestras habitaciones dobles, que eran tamaño XS aunque sí tenían baño privado. Siendo una noche chillaneja de invierno, estaba frío cercano a los 0º y el calefactor eléctrico de 2 barritas de cuarzo puesto sobre una mesa tardaría unas 10 horas en entibiar el ambiente. Pero para eso había que desenchufar la tv de 19″ que había sobre la misma mesa. O nos aburríamos con la ilusión de tibieza, o nos entreteníamos congeladas. Ok. Teníamos sueño y le pusimos toda la fe a las camas.

Pero no cumplió con nuestras expectativas. No respecto de lo que esperábamos de comodidad ¡Nuestras expectativas de higiene! Entre las sábanas arrugadas y mal tendidas reposaban sendos restos capilares de diversas zonas del cuerpo de alojados anteriores. Y eso pasó en las dos habitaciones, en las cuatro camas, por lo que decidimos que no era casualidad ni un pequeño descuido.

Ahí se nos pasó el sueño y el cansancio acumulado de la semana y regresamos a la recepción para irnos en seguida. La joven recepcionista tuvo toda la amabilidad del mundo para gestionar la devolución del dinero de la reserva, que habíamos pagado desde Valdivia. Lamentablemente su jefe no tuvo nada de esa amabilidad para aprobar la devolución esa misma noche, dilatando el trámite para el mediodía siguiente.

Para compensar la actitud de su jefe, la recepcionista nos buscó alojamiento en otro lugar entre reiteradas disculpas y con la paciencia intacta tras todos nuestros reclamos. El cambio de alojamiento fue para mejor ¡Oh sí que lo fue!

Nos trasladamos al Hotel Quinchamalí ubicado en el centro, en los pisos superiores de una galería comercial con el mismo nombre. El recepcionista fue sumamente amable con su inesperado grupo de pasajeros y nos despachó a nuestras habitaciones. Dormimos con calefacción central toda la noche en modo invierno, en camas inmaculadas al ojo humano y con cortinas black out.

La mañana siguiente nos dedicamos a hacer hora para la entrega de la devolución en el mall, donde adquirimos un par de productos necesarios para la nieve, y para el espíritu. Luego del cumplimiento de los trámites pendientes enfilamos camino hacia la comuna de Pinto, tras una rápida re-revisión al estado del camino y coordinar con nuestros nuevos anfitriones.

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Los Lleuques no es una gran metrópoli, sin embargo, tiene todo lo que necesitas para disfrutar de unos días en pleno invierno. La cabaña en que nos quedamos pertenece a una familia que vive en Concepción, por lo que la arriendan cuando no la disfrutan ellos.

Al ser una propiedad familiar, además de un hermoso jardín, la casa cuenta con todos los pequeños detalles del día a día. Incluyendo una maravillosa chimenea en el living y una eficiente combustión lenta al final del pasillo de los dormitorios.

Luego de recibir todas las indicaciones sobre la cabaña y dejar todos nuestros bultos, nos sobre abrigamos como corresponde y partimos hacia el Hotel Termas de Chillán.

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El Hotel se encuentra a 25 km de Los Lleuques y en el camino encuentras locales de venta de ropa para la nieve, de arriendo de equipos deportivos y restaurantes. Pero también, y es muy útil saberlo, de arriendo de cadenas para vehículo… y funcionarios de Carabineros.

La subida desde Los Lleuques está habilitada normalmente hasta las 14 horas por decreto municipal, hora a partir de la cual comienza el descenso de los visitantes. Como la ruta requiere precaución y espacio, Carabineros supervisa el tránsito de los vehículos en ese lugar. Esta supervisión nos complicó durante unos segundos cuando dijimos que íbamos al hotel y nos dijeron que ya era hora de descenso, pero invocando la explicación de la fiesta, nos dejaron pasar.

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Arriba no había estacionamiento. En ningún lugar de ese tremendo hotel. Todo lleno ¿Afuera del hotel en la ruta? En cada espacio disponible había autos estacionados. Tuvimos que regresar un par de km, dejar el auto e iniciar el ascenso a pie. No estuvo mal para mantener la temperatura del cuerpo y encender el buen ánimo.

Una vez que llegamos, presentamos en el ingreso nuestras entradas y nos dieron pulseras y vales llamados “token” para cambiar por comida o cerveza (Corona, obvio). Tras cumplir el rito de entrada recorrimos las instalaciones temporales del Festival, y buscamos los lugares de interés con énfasis en el escenario donde se presentaron DJs internacionales como Christian Malinchac, Clasixx y Goldfish.

Esta fue la primera vez que asistí a un evento de estas características, aún así concluimos que se notó la experiencia de la organización llevando el Corona Sunsets por 10 países antes. Solo consideramos mejorable el sistema de adquisición de comida.

Quizás pensaron que los asistentes seríamos menos hambrientos, pero la verdad es que las cocinas no dieron abasto para el interés de los comensales. Habían filas y más filas de personas esperando que las atendieran en un mesón con 3 o 4 personas recibiendo pedidos. En cocina parecía que no estaba mucho mejor la cosa. A pesar de eso comimos, canjeamos los token y nos fuimos al escenario.

Creo que además de lo luminoso y colorido del escenario, lo otro que me llamó la atención fue el fashionismo de algunos asistentes. En realidad la diversidad de vestuario era tal que no me habría sorprendido ver a alguien en bikini, speedo o tanga, pero con gorro, guantes de piel y botas para la nieve. Mientras tanto nosotras estábamos, como decimos en Chile “mas abrigada que hijo único“.

Llegando al escenario, instalado dentro de un domo semi abierto a una explanada, nos fuimos acercando progresivamente para alcanzar un lugar que nos permitiera ver (obligatorio para mi estatura de mujer chilena promedio), y de paso alcanzar algo del calor humano. La verdad es que estaba LLENO y no podías evitar moverte “feeling the beat” de la música, rodeada de personas de todo el espectro etario de la vida adulta.

Como no-fumadora, declararé que me incomodó estar rodeada de fumadores que no se preocupaban de dónde caía la ceniza de sus cigarrillos o si pasaban a quemar a alguien. Por lo que antes de quedar como pescado ahumado, regresamos a la entrada para seguir disfrutando de la música y el atardecer.

Tal como su nombre lo indica, el Festival es más que escuchar música electrónica. La gracia está en buscar lugares donde el atardecer sea protagonista a través de un entorno natural privilegiado. Y así fue.

Cuando se puso el sol comenzaron los fuegos artificiales y el climax musical desató aplausos, exclamaciones y risas. Valió la pena la caminata y las filas para disfrutar los 5 minutos de luces y colores con el Nevados de Chillán de telón de fondo.

Esta tercera versión del Corona Sunsets de invierno en Chile fue una grata experiencia para nuestro grupo, además de ser una buena razón para visitar la zona. Vale la pena ir, son aproximadamente 8 horas de música y fiesta con actividades, comida y cocketelería que salen de lo común y te sacuden el frío invierno del cuerpo.

Tras los fuegos artificiales, nos quedamos un rato más disfrutando. Pero el inicio del éxodo nos alertó que sería buena idea regresar temprano para evitar la carretera llena de autos y buses. Fue buena idea. Iniciamos la caminata de regreso y cuando llegamos al vehículo ya comenzaba el descenso desde el hotel y a congestionarse la ruta.

Afortunadamente llegamos temprano de regreso. Hicimos una escala en el pueblo para abastecernos y nos fuimos a descansar porque al día siguiente teníamos más planes que incluían nieve, termas y chocolate caliente.

¿Iría de nuevo al Corona Sunset? Sí, y como dato les cuento que será el 8 de Septiembre nuevamente en Nevados de Chillán.

Recomendaciones

  • Alojamiento: si el presupuesto no alcanza para alojarse en el hotel en temporada alta de invierno, quedarse en Los Lleuques o Las Trancas es una excelente alternativa. Además la zona cuenta con suficientes servicios comerciales para adquirir lo que sea necesario
  • El Festival: fue una experiencia grata y novedosa para mi. Si disfrutas la música y la nieve, creo que es un evento para recomendar sin importar qué tan joven eres
  • El Camino: no es necesario ir en un vehículo con tracción en las cuatro ruedas, ni siquiera demasiado alto, pero sí es importante revisar el requerimiento de cadenas y manejar con precaución
  • Para comer: el hotel tiene restaurantes con diversa oferta gastronómica, y fuera encontrarás cafeterías y restaurantes para presupuestos más variados
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