Paseo por la isla más fiestera, la previa

Creo que fue la primera vez que dormí en una cama con mosquitero. Es una experiencia bastante normal, hasta que despiertas con una leve, pero persistente, sensación de claustrofobia y confusión. Algo que se soluciona con solo recordar que estás en un lugar paradisiaco (casi objetivamente hablando), disfrutando de uno de esos viajes que probablemente solo harás una vez en la vida.

El Milky Bay Resort nos esperaba con desayuno incluido, aunque no en la modalidad buffet que conocíamos, sino que podíamos elegir cualquiera de las opciones de desayuno de la carta. Y al parecer estaba pensado para diversos gustos: un desayuno tipo “gringo” (con cariño) que tenía mucho frito, desayuno “normal”, y también la versión “liviana” muy frutal; todo regado con buen café y jugos naturales. Por supuesto, acompañado de la vista a otras islas y al mar tan tibio del Golfo de Tailandia que no te refresca en lo más mínimo del calor. Sin duda lo repetiría!

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Luego de la comida más importante del día nos fuimos caminando hacia el centro urbano de la isla. Recomiendo (si el tiempo y la energía lo permiten) recorrer lo más posible de los alrededores de un alojamiento a pie, te permitirá ubicar comercios, transporte público y referencias para evitar perderse y descubrir que estuviste siempre a media cuadra de tu hotel.

Baan Tai está en la costa sur de Pha Ngan y nos dijeron que es la playa más larga de la isla (no las recorrimos todas para comprobarlo). Los hoteles tienen bares de playa, pero no encuentras a nadie a la mañana siguiente tratando de recomponer la historia de sus últimas horas como en las películas The Hangover.

Koh Pha Ngan tampoco tiene señaléticas viales, veredas demarcadas fuera del centro, pasos de cebra, ni nada parecido, así que los peatones y conductores están obligados a tener más atención en el camino. Tal como en los demás lugares que pudimos conocer de Tailandia, la mayor parte de la gente se mueve en motos, con la diferencia que aquí también ves muchísimos occidentales usándolas.

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Sin embargo, nuestro interés no era puramente de carácter antropológico o sociológico, la verdad es que salimos a adquirir la polera de algún color flúor que es tácitamente reglamentaria para asistir a la Full Moon Party. Así que recorrimos varias calles entre el muelle y la feria que marca el límite del centro, encontrando cientos de opciones, en todos los colores, y no solo de esa fiesta, sino que también de todas las otras que han ido surgiendo al percatarse del buen negocio que ha significado.

Tras dar con la indicada y saciar la sed que te hace pensar que te estás derritiendo en un bar deportivo (sí, esa idea tan estadounidense también está presente allá y obviamente los clientes lucían 100% norteamericanos), nos fuimos a la Feria. Colores, olores y seguramente sabores desconocidos abundaban.

Siendo una zona en la que la temperatura da la vuelta el año entre los 25 y los 31 grados como mínimo y máximo respectivamente, y la quinta isla más grande del país, hay mucho que disfrutar caminando o en vehículo (revisa más sobre Pha Ngan en este link).

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Debo reconocer que no me atreví a comprar y probar nada de comer en la feria, pero sí nos atrevimos a buscar alternativas para conocer los alrededores al ver tantas opciones. Eso sí, teniendo un itinerario ajustado, no podía ser muy lejos así que hubo que decirle adiós a Koh Phi Phi (sí, la isla donde Leonardo Di Caprio rodó la película “La Playa”).

Y como caminar al sol, comparar precios, vitrinear y derretirse, le da hambre a cualquiera, decidimos hacer una escala técnica para comer en uno de los supermercados que habían entre el centro y nuestro hotel. Tal como otros supermercados, este tenía también los kit de donación para monjes, los kit de maquillaje para dibujarse las cejas y blanquearse la piel, y un Kentucky Fried Chicken! así que decidimos recordar nuestros orígenes occidentales y almorzamos ahí.

En Chile tenemos un dicho asociado al bienestar post-comidas “guatita llena, corazón contento”, así que con el corazón alegre decidimos contratar un tour para conocer una isla cercana llamada Nangyuan (en un próximo post les contaré de las peripecias asociadas a ese hermoso lugar). Como hay varios operadores turísticos que realizan este viaje, pudimos darnos el gusto de comparar precios y acabar comprando una opción desde el mismo hotel.

Así fue como, por 2000 bahts contratamos el tour que salía el único día completo que teníamos disponible: el siguiente a la Full Moon Party. Nos teníamos fe.

Con esa perspectiva en la mira llegó el momento de comer algo y prepararnos para la fiesta más famosa de ese lado del mundo y quizás también de este lado.

Recomendaciones

  • Si no tienes el más mínimo interés de asistir a la Full Moon Party, es más recomendable hospedarse en Samui o en el extremo más alejado de Haan Rid
  • Los hospedajes en Pha Ngan varían entre los 200 y los 5.000 baht, yendo desde los refugios para mochileros hasta los resorts todo incluido 
  • Hay clínicas y servicios de masaje (como en todo el país!) en la zona de Baan Tai, es una especie de sub-centro, así que no hay que recorrer toda la isla en busca de lo que necesitas o en caso de urgencia
  • Si lo tuyo es lo outdoor, encontrarás todo un universo de actividades bajo o sobre el agua, y en tierra firme. Pero cotiza y regatea, porque invariablemente es la costumbre y los occidentales avecindandos que ofrecen estos servicios ya están habituados a este método de compra.
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